El Gobierno de México ha dado un paso significativo hacia la posible explotación de gas natural a través del método de fracturamiento hidráulico, conocido como fracking. Sin embargo, esta actividad estará sujeta a estrictas condiciones técnicas y ambientales, según lo declarado por la presidenta Claudia Sheinbaum durante la presentación de los resultados preliminares del Comité Científico sobre Soberanía Energética y Yacimientos de Gas Natural no Convencional.
Uno de los hallazgos más relevantes del análisis realizado por un grupo de 54 expertos es la decisión de prohibir la explotación de gas no convencional en la cuenca Tampico-Misantla. Esta medida responde a las preocupaciones sobre las condiciones sociales y ambientales de la región, lo que se considera un obstáculo para el desarrollo de esta actividad. “En la zona de Tampico-Misantla, ahí no. Y vamos a decretar que en esa cuenca no”, enfatizó Sheinbaum, lo que implica una renuncia al 15 por ciento de los recursos potenciales de gas no convencional en el país.
Con la prohibición en Tampico-Misantla, el Comité Científico ha recomendado que la evaluación continúe en otras cuencas, específicamente en Sabinas-Burro Picachos, ubicadas en Coahuila y Nuevo León, así como en la Cuenca de Burgos en Tamaulipas. Estas áreas albergan recursos potenciales que ascienden a 67 y 53.8 millones de millones de pies cúbicos, respectivamente, lo que podría ofrecer una alternativa viable para la extracción de gas natural no convencional.
Sheinbaum también subrayó la importancia de garantizar que la extracción de gas no afecte el suministro de agua dulce, el cual está destinado a consumo humano y agrícola. Se planteó que se utilizaría agua salada de formaciones geológicas profundas, que no es apta para el consumo humano, para el proceso de fracking. Además, se establecerá un objetivo de reutilizar y reciclar al menos el 75 por ciento del agua utilizada durante la operación, con un monitoreo constante de la calidad del agua en la superficie y subterránea.
No obstante, la integrante del Comité Científico, Alma América Porres, advirtió que, a pesar de los esfuerzos por diversificar la generación eléctrica y mejorar la eficiencia energética, México seguirá dependiendo de importaciones de gas natural. Se estima que, incluso si se incrementa la producción de gas convencional, la oferta nacional solo podrá satisfacer el 49.5 por ciento de la demanda, lo que implica que el 50.5 por ciento restante deberá seguir importándose, principalmente de Estados Unidos. “Con estas medidas se puede reducir la dependencia del gas natural importado, pero no alcanzaría para la soberanía energética”, concluyó Porres, sugiriendo que se requieren esfuerzos adicionales para alcanzar este objetivo.





